A medida que la IA revoluciona la creación artística y literaria, las leyes luchan por adaptarse a una nueva era de creatividad no humana.
Bogotá, mayo de 2025. La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una simple herramienta de apoyo para convertirse en una verdadera generadora de contenido. Desde música y arte hasta literatura y diseño, los algoritmos están creando obras que antes eran dominio exclusivo del ingenio humano. Pero este avance tecnológico plantea una pregunta urgente y compleja: ¿quién posee los derechos sobre estas creaciones?
Las lagunas legales en esta materia son evidentes. Las actuales leyes de propiedad intelectual —diseñadas en un contexto previo al auge de la inteligencia artificial— no contemplan la posibilidad de una autoría sin autor humano. Esto ha dado pie a un debate jurídico y ético a nivel global:
- ¿Debe considerarse autor al creador del algoritmo, por haber desarrollado la tecnología que hace posible la obra?
- ¿O al usuario que introduce los comandos, da instrucciones y guía el proceso creativo?
- ¿Es posible, incluso, reconocer a la IA como autora, aunque carezca de personalidad jurídica?
“La autoría de las obras creadas con inteligencia artificial es un tema complejo y aún sin una respuesta definitiva en el ámbito legal”, afirma Lola Kandelaft, Asociada Directora experta en derecho de propiedad intelectual. “Existen diversas posturas: algunos señalan al desarrollador del algoritmo; otros, al usuario que define los prompts; y una visión más disruptiva propone reconocer autoría a la propia IA, aunque esto supone enormes desafíos éticos y legales”.
Hacia una nueva legislación internacional
A nivel global, los sistemas jurídicos están en proceso de revisión para hacer frente a los desafíos que plantea la IA. Países como Estados Unidos, Reino Unido y Japón ya han iniciado reformas legislativas para incluir disposiciones específicas sobre obras generadas por inteligencia artificial.
Simultáneamente, organismos internacionales como la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual)han emitido directrices preliminares y están promoviendo el debate multilateral sobre cómo deben abordarse temas como la originalidad, la titularidad de derechos y la responsabilidad en el uso de IA para fines creativos.
Además, los tribunales empiezan a recibir casos que sentarán precedentes clave sobre la validez de las obras generadas por IA, la legalidad de los entrenamientos algorítmicos con contenido protegido, y la protección de los derechos de artistas y creadores humanos frente a posibles usos indebidos.
Colombia frente al reto jurídico de la IA
En este escenario de transformación global, Colombia ha comenzado a tomar medidas proactivas. El país participa activamente en foros de la OMPI y otras plataformas multilaterales, donde aporta su visión sobre el impacto de la tecnología en el derecho.
Además, desde la academia y el sector público se promueven investigaciones que analizan cómo adaptar el marco jurídico colombiano a esta nueva realidad. Se contemplan reformas que aborden la titularidad de derechos en obras no humanas, la solución de disputas legales entre humanos y algoritmos, y la definición de criterios de originalidad en creaciones generadas por máquinas.
Controversias emergentes: ¿plagio o innovación?
El impacto de la IA ya se siente en la música, la literatura, las artes visuales y los medios digitales. Algoritmos capaces de componer, ilustrar o escribir han generado controversias por el uso de obras preexistentes durante su entrenamiento. Artistas, escritores y editoriales han iniciado acciones legales, argumentando que sus obras fueron utilizadas sin autorización, en violación de sus derechos de autor.
Esto ha intensificado el debate sobre:
- La transparencia en los datos de entrenamiento de modelos de IA.
- La necesidad de licencias claras para el uso de contenido protegido.
- Y la responsabilidad legal de quienes operan o se benefician comercialmente de las obras generadas por inteligencia artificial.
“Nos enfrentamos a una transformación profunda en el concepto mismo de creatividad y propiedad intelectual. La IA no solo desafía nuestras leyes, sino también nuestras ideas fundamentales sobre qué significa crear”, concluye Kandelaft.



























